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Berlín, la ciudad que estalló en notas cuando cayó el Muro

Berlín, la ciudad que estalló en notas cuando cayó el Muro



El 11 de noviembre de 1989, dos días después de conocerse la noticia de la caída del Muro, Mstislav Rostropovich coge su violonchelo y toma el primer vuelo hacia Berlín. No revela sus intenciones ni a su círculo más íntimo. Una vez en la ciudad alemana, sin más equipaje que su instrumento, pide prestada una silla y se pone a tocar a los pies del enorme muro de hormigón.

No fue una decisión meditada. Fue un impulso, una necesidad, una liberación quince años después de que tuviera que huir de la URSS por criticar la represión del régimen comunista. Y aunque ya era considerado uno de los violonchelistas más importantes del siglo XX, aquel gesto convirtió a Rostropovich en un icono de nuestro tiempo incluso para quienes desconocían su estatura artística. Y no fue el único…

[Mark Reeder: punk rock clandestino en el Berlín comunista]

Al día siguiente, Daniel Barenboim ofrecía un concierto gratuito en la Filarmónica de Berlín, el auditorio más importante del sector occidental, pero solo para los ciudadanos del Berlín comunista. Nunca se había visto nada igual. Duplicaron con creces el aforo, sentados en las escaleras o de pie, para disfrutar de un privilegio que les había estado vetado durante 28 años. Y lo mismo ocurrió con la función de «La flauta encantada», de Mozart, organizada por la Ópera del Estado de Berlín y con los conciertos improvisados de Udo Lindenberg, Joe Cocker y Nina Hagen. Es como si la ciudad entera hubiera estallado en notas.

David Bowie
Pocas historias alegres nos había dado el Muro hasta ese momento. Ni siquiera David Bowie lo consiguió durante su larga y productiva estancia en Berlín, a finales de los 70, para componer su famosa trilogía. En «Heroes», su gran himno, el cantante rememoraba, de hecho, la triste historia de dos jóvenes que no encuentran otro sitio mejor para amarse que un banco situado bajo una de las 300 torres de vigilancia.

A pesar de ello, fueron muchos los músicos que se sintieron atraídos por aquella ciudad oscura y dividida en momentos cruciales de su carrera: Blixa Bargeld, Bernard Sumner, Billy Idol, Iggy Pop, DJ WestBam (padrino del Love Parade), Nick Cave y Mark Reeder. Este último productor y compositor inglés llegó desde Manchester en 1979 para convertirse en uno de los pioneros de la cultura underground germana.

Primero trajo a Joy Division al Berlín Occidental, en la única gira que la banda hizo por Europa tres meses antes de que Ian Curtis se ahorcara. «Luego organicé conciertos ilegales en el Este, donde solo había una religión, el comunismo, y el punk ni existía. Fue muy peligroso, ya que para los soviéticos esa música expresaba el fracaso del capitalismo y no la querían como crítica del socialismo», contó Reeder en marzo a ABC Cultural. En varias de esas actuaciones «secretas» en iglesias abandonadas llegó a congregar a 600 jóvenes con la Stasi siguiéndoles cerca.

Pero son solo pequeños casos de épica musical en un Berlín que, desde fuera, aspiraba únicamente a dar menos pena con aquella «franja de la muerte» sembrada de minas en la que habían muerto 500 personas desde 1961. Un año después, sin embargo, Toni Fisher invitaba al mundo a bailar con «West Of The Wall», un relato agónico de una pareja recién separada.

Lou Reed
En 1973, mientras Kraftwerk ponía los cimientos del techno, Lou Reed utilizaba la sordidez de la capital como escenario de «Berlin», ópera bufa de guitarras distorsionadas considerada hoy uno de los mejores discos de la historia del rock. Los Sex Pistols ridiculizaban en «Holidays In The Sun» (1977) a los turistas que recorrían la herida abierta por el comunismo como si fuera un parque de atracciones. «Estoy mirando por encima del Muro. ¡Y ellos me miran a mí!», gritaba Johnny Rotten.

Cinco años después, Milva publicaba «Alexanderplatz», un disco entero dedicado a contar la asfixiante vida diaria de varias personas en el Berlín Este. Un ejemplo de ello fueron los 3.000 jóvenes que, en 1988, se acercaron desesperadamente al Muro para intentar escuchar el concierto de Michael Jackson en el otro sector. Igual que en los días previos había ocurrido con Pink Floyd, donde Roger Waters aseguró que solo volvería a representar «The Wall» si el telón se venía abajo. El Gobierno de la RDA, mientras, contraprogramaba actuaciones de Katarina Witt y Bryan Adams para evitar que estos chavales se acercaran a escuchar al «enemigo». Incluso permitieron que Bruce Springsteen actuara frente a 300.000 vecinos del Este. «No he venido a cantar a favor o en contra de algún gobierno. Vine a tocarles rock and roll con la esperanza de que algún día todas las barreras puedan ser derribadas», dijo el «Boss» a su público, precipitando, según defienden muchos, el cambio que llegaría después.

Al caer el Muro, Waters cumplió su promesa y reunió a medio millón de personas en la Potsdamer Platz, al tiempo que Scorpions publicaba el himno oficioso de la unidad: «Wind Of Change». Y con el sonido de su violonchelo todavía resonando cerca del «Checkpoint Charlie», Rostropovich reconoció: «Antes no podía tocar en Berlín Oeste, luego no se me permitió ir al Este. Y cuando el muro se cayó, mi vida se volvió a juntar».



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Author : (abc)

Publish date : 2019-11-09 17:59:20

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